27 agosto 2009

Bon Voyage =)

Bonitos y tristes. Ce sont les adieux. Y de fondo se oye 'Summercat', poniéndole banda sonora al ocaso de los días estivales. No, no me malinterpretéis, no me estoy despidiendo del blog, eso no sería bonito.

Tampoco he tenido ningún ''amor de verano'', eso ya pasó en mi verano de los 17. Ahora no sería justo para A., y además, tampoco ha aparecido la oportunidad. No he tenido vacaciones en el sentido de coger más de 3 días libres, hacer la maleta, cambiar de ciudad y fotografiar hasta las piedras del suelo, cosa que hacemos aunque sea por error. No he estado en ninguna isla, no ha habido mojitos ni fiestas en la arena por la noche, pero aún así le he cogido un cariño especial a la canción de Summercat, y me siguen emocionando las despedidas. Maintenant la maison est vide.

Lo que más me gusta de ellas son los abrazos, sobre todo cuando sientes que son sinceros. La tristeza que puedas sentir porque algo termina se ve compensada con la certeza de que no es para siempre. Quizá es que hasta ahora he tenido suerte, pero no recuerdo ninguna despedida definitiva. Nous regrimperons à la cîme des arbres. ¿Y qué opináis de los 'Hasta pronto' que se escuchan en el interior de los coches, mientras hay alguien agitando las manos y sonriendo desde la acera? Como diría V., parece que están limpiando cristales, pero no deja de ser una imagen entrañable. Me ha acompañado durante tantos veranos que, aunque pensándolo fríamente la escena pueda parecer ridícula, no dejaré de hacerlo.

A cada uno de esos momentos le acompaña un olor, y adoro reencontrarme con él a pesar del tiempo. Luego viene la nostalgia, pero como dice Candela Peña cuando interpreta a Caye en la película Princesas, en parte es bueno tener nostalgia, eso significa que tienes recuerdos que merecen la pena retener.

À bientôt

02 mayo 2009

Leyendo a Lewis Carroll

Me la dieron —continuó diciendo Humpty Dumpty meditabundo, mientras cruzaba una rodilla sobre la otra y la rodeaba con las manos— me la dieron como regalo de no-cumpleaños.

—¿Perdón? —le preguntó Alicia con una expresión de perplejidad.
—No me has ofendido —le aseguró Humpty Dumpty.

—Quiero decir que, ¿qué es un regalo de no-cumpleaños?

—Un regalo que te hacen un día que no es tu cumpleaños, naturalmente.

Alicia meditó un momento. "Prefiero los regalos de cumpleaños", dijo por fin.

—¡No sabes lo que estás diciendo! —gritó Humpty Dumpty—. ¿Cuántos días tiene el año?

—Trescientos sesenta y cinco —respondió Alicia.

—¿Y cuántos cumple
años tienes?
—Uno.

—Y si le restas uno a
esos trescientos sesenta y cinco días, ¿cuántos te quedan?
—Trescientos sesenta y cuatro, naturalmente.

Humpty Dumpty la miró dubitativo. —Será mejor que lo vea sobre papel —dijo.

Alicia no pudo evitar sonreírse mientras sacaba su cuaderno de notas y hacía la operación por él:

365

-1

_______

364


Humpty Dumpty cogió el cuaderno y lo consideró atentamente.
—Parece que está bien... —empezó.
—¡Lo está leyendo al revés! — interrumpió
Alicia.
—¡Es verdad! —dijo Humpty Dumpty alegremente, mientras ella se lo ponía bien—: Ya me parecía a mí un poco rara. Como iba diciendo, parece que está bien... aunque no tengo tiempo de repasarla entera ahora..., lo que demuestra que hay trescientos sesenta y cuatro días en que podrías recibir regalos de no-cumpleaños.

—Desde luego —a
sintió Alicia.
—Frente a sólo uno de cumpleaños. ¡Te has cubierto de gloria!

—No sé qué entiende por “gloria” —observó Alicia.

Humpty Dumpty sonrió desdeñosamente.

—Naturalmente que no... y no lo sabrás hasta que yo te lo diga. ¡Significa que es un argumento aplastante en tu contra!
—¡Pero “gloria” no significa “argumento aplastante"! —objetó Alicia.

—Cuando yo empleo una palabra —dijo Humpty Dumpty con un tono despectivo— significa exactamente lo que
yo quiero que signifique: ni más ni menos.
La cuestión es—insistió Alicia— si puede usted hacer que las palabras signifiquen tantas cosas distintas.

—La cuestión es quién manda —zanjó Humpty Dumpty—; nada más.


A través del espejo y lo que Alicia encontró allí,

Lewis Carroll.




Alicia es una niña que no me cae bien, pero adoro su País de las Maravillas. A lo mejor por eso no me gusta, porque tengo envidia de que a sus 7 años y medio haya merendado con el Sombrerero y la Liebre de Marzo, haya visto desaparecer al Gato de Cheshire y haya discutido con Humpty Dumpty.

En el país de las no-maravillas es difícil encontrarse con personajes como ellos; los necios son tan estúpidos que se arrodillan ante el verdugo a la voz de '¡Que le corten la cabeza!', sin llegar a enterarse nunca de que no deben obedecer a la Reina de Corazones. Y aquellos que realmente te importan, los que parece que han llegado a través del espejo, o de un lugar más lejano aún, no son capaces de permanecer en todos los capítulos de la historia.

En su eventualidad radica su interés, y a pesar de no tenerlos a tu lado, y de la certeza de que llegarás al final de un episodio sin que ellos sean conscientes de lo que te ha ocurrido, tú los sigues sintiendo cercanos. Nadie va a reescribir vuestra historia, -afortunadamente-, pero tienes la esperanza de que haya, en futuras ediciones, un prólogo que os permita celebrar uno de los 364 no-cumpleaños que te gustaría compartir.



Imagen: Alyson in Wonderland
by
Capt-Savvy

29 abril 2009

"Porque, o nos renovamos, o morimos"

Hace un par de días Rukia le robó esas palabras a un amigo para dejarme un comentario, y 17 horas después hallé un motivo que me daba la oportunidad de hacerle caso. Me encontré con un anuncio en el que buscaban a gente dispuesta a cortarse el pelo y dejarse peinar como las modelos de revista para ser la imagen en una Gala de Peluquería. Suena frívolo y superficial, ¿verdad? Realmente lo fue.


Fui con mi compañera de piso al edificio en el que celebrarían el 'casting', y cuando llegamos a la puerta principal y vimos a dos chicas con unas piernas de vértigo y caminando como si estuvieran en una pasarela nos arrepentimos de habernos dejado los tacones en casa; cuando subimos a la tercera planta y la coorninadora del evento -vestida según las tendencias más futuristas- nos recibió y nos hizo pasar a una sala llena de aspirantes a Supermodelo 2009, fue cuando nos arrepentimos por no haber dado media vuelta mientras aún estábamos a tiempo.

Entonces nos presentaron al peluquero, un personaje peculiar, colorista, y con un gran sentido del humor. Nos enseñó las imágenes de los peinados que tenía que conseguir, buscó el rostro adecuado para cada corte&color y nos pidió seguridad, mucha seguridad. Tuvo que lidiar con una chica que tenía una melena preciosa y le venía genial para hacer un recogido, pero que dejó de ser perfecta cuando descubrió que la había conseguido a base de extensiones, y también tuvo que hacer como que creía a otra de ellas que, siendo apenas 2 dedos más alta que yo y llevando unos zapatos de 5 centímetros de tacón, le dijo que medía 'uno sententa y pico'. ¡Já!

Renovarse o morir era, ¿no? He de decir que sigo viva, pero que finalmente decidí no renovarme, al menos no en ese aspecto. Y sé que me hubiese gustado la experiencia, sobre todo por el hecho de que un profesional me peinase y encima me pagasen por ello, pero simplemente no me apetecía cambiar de color.

Como ves, Rukia, no te hice caso. (Aunque no creo que tu intención fuese verme en una Gala de Peluquería). No estoy de acuerdo con esa frase, y tú tampoco deberías estarlo. Has estudiado dos años de biología conmigo, -y unos cuantos más por tu cuenta-, lo suficiente para hacerte saber que nuestros tejidos se están renovando constantemente, y a pesar de eso... morimos. O piensa en esos grupos de música que empezaron hace varios años con temas que te gustaban y que por querer renovarse han perdido su esencia; no siempre funciona.

Y sin embargo aquí estoy, en una paradoja, obligada a renovar para contar por qué creo que no estamos obligados a hacerlo.


Imagen: Butterfly Friend, by ~herrotic

08 marzo 2009



- ¿Cómo se llamaba la amiga de Sakura?

- No me acuerdo.
- ¿Cómo se llamaba?
- Tomoyo =)

Tomoyo Daidouji le recordó su nombre a aquella señora antes de montarse en el autobús que la llevaría de vuelta. Había acudido al 'Salón del Cómic' con 16 de sus compañeros, y después de meses cosiendo trajes, ensayos generales y largas cadenas de e-mails (y de favores también), subieron al escenario durante 4 minutos y 16 segundos para representar la actuación que les reconocería su efuerzo.

Esa noche Sakura Kinomoto, dos años después, colocaría el trofeo en la estantería de su nuevo estudio =)

23 febrero 2009

En Versión Original

Se juntaron vuestras ganas con mi suerte y escribimos un capítulo memorable en nuestra historia de momentos.

=)


 
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